Mi súper compañera.

15.09.2015 12:24
 
Yo estaba leyendo el periódico cuando se dejó ver con ese vestido ligero de verano y acercarse cara a mi mesilla.
 
- ¿Llevas mucho aguardando? – Comentó.
- cinco minutos, despreocúpate. – Dije.
 
Relatos
 
Ella se postro a mi lado, en el extremo de la chiquitita mesa, a 45 grados de mi posición. Nos besuqueamos cordialmente, hacía seis meses que no nos veíamos, y los dos sabíamos que ese era mucho tiempo. Hicimos un ademán a la camarera a fin de que nos tomara nota. Pedimos una bebida cada uno y después brindamos por el rencuentro. Ella me coloco la mano en la faz interior del muslo izquierdo.
 
-¿Me has echado de menos? – Preguntó presumida.
 
Me encantaba verla así, receptiva. Le respondí que sí, que la había echado mucho en falta aun vestida. Ella rió la ocurrencia, que por su parte yo le había quitado a un cómico.
- ¿Y te has corrido pensando en mi?
- Quiso saber mientras cogía mi muslo interior.
- Mucho. Todavía sigues provocándome esa fuerte debilidad que conoces.
- ¿Estás Seguro? Mira que puedo colocarte el detector de mentiras.
- Vale ponlo, sabes que no acostumbro a contar mentiras.
 
Prolongó un tanto la mano bajo la mesa y la puso sobre mi polla tiesa, que, ciertamente, estaba duro. Sonrió mirándome y haciendo un insignificante gesto con los dedos. Yo no pude impedirlo y moví mi mano debajo de la mesilla y la fui subiendo por la faz interna de su muslo derecho hasta, con la punta de los dedos, tocar su caluroso y acogedor coñete.
 
El sitio estaba vacío, salvo una mesilla con cuatro personas y la sirvienta. El lugar en el que me había colocado estratégicamente estaba en la parte más apartada, con lo cual disponíamos de determinada intimidad. Con lo que seguí alargando la mano hasta deslizar mi dedito corazón por su coñito y gozar de sus ademanes, que era de lo que más me estimulaba, ver el goce en su rostro. Ella cogió bien mi pene y después bajó la cremallera introduciendo los dedos.
 
 Le resultaba difícil en esa postura quitar el tapa rabillo para poder llegar hasta mi polla. Decidí ayudarle en la entrada. Me eché hacia atrás y me desabotone el botón abriendo el pantalón. Después deslice el bóxer trabándolo debajo de mis huevos y dejándolo todo libre bajo la mesa. Ella enseguida me la sujetó y empezó a tocarme fuertemente. Seguíamos mirándonos a los ojos, que expresaban un, salvémonos como podamos.
- Tengo que pedirte un favor - Le dije.
- Dime!
-Despojate de las bragas y guárdalas en el bolso, me incordian.
Relatos
 
Ella miró hacia el sitio asegurándose de que no iba a ser excesivamente atrevida. luego coló sus manos debajo de la mini falda y levantando un tanto el trasero de la silla saco las bragas de su cárcel. Entonces las metió en el bolso no sin habérmelas refregado en la nariz un par de segundos. Ahora tenía via libre a su rajita.
 
 Volví a meter la mano y comprobé que su humedad iba en aumento, tanto es así que metí un dedo en su coñete sin esfuerzo algu
no. Nuevamente su cara dio a conocer el regodeo y su garganta expresó un gemido que no llegó a los oídos del resto. Proseguí intoduciendo y sacando el dedo repetidamente mientras que con otro le acariciaba el clítoris. Me encantaba hacerla disfrutar.
 
Ella había agarrado bien mi pene y subía y bajaba la mano con fuerza. Después aparto la mano y se la puso a la boca, la lubricó con baba y volvió a mi bellota, deslizándose hacia abajo y empapándola. Era delicioso sentir sus dedos de este modo. Era un juego que siempre habíamos tenido, nos apasionaba la masturbación mutua.
 
Yo continuaba embutiéndole tres dedos justo como a ella le agradaba y moviendo en círculos su caliente clítoris. En su cara se podía ver todo lo que un hombre quiere para sí. Era bella, mas sintiendo placer era mucho más, era absolutamente seductora.
 
- Si sigues de esta forma me voy a correr, y para eso la quiero hasta el fondo – Me dijo.
 
Yo miré el lugar, la mesa ocupada proseguía a lo propio, segro que se habían percatado mas disimulaban muy bien. La camarera secaba los vasos del lavaplatos como dejando pasar los minutos.
Eché un tanto hacia atrás la silla y le dije que subiera encima mio. No lo pensó, lo hizo. Ella sentada sobre mí dándome la espalda y haciendo movimientos laterales, sentía como me estaba lubricando. Se echó hacia atrás y le chupe una oreja.
 
- No me eyacules dentro – Me dijo.
- Córrete tú antes, deseo notarlo.
 
Relatos
Proseguí tocando su clítoris cuando sentí que se perdía. Le tapé la boca, la conocía bien. Su cuerpo se estremeció sobre mí pene y comenzó a correrse. Sus gemidos eran taponados por mis dedos, mas no pude eludir que se le escapase un gemido que hizo que la sirvienta, más próxima a la mesilla, mirase hacia nosotros e hiciese un gesto de sorprendo. intentó disimular apartando la mirada pero sé que no podía eludir echarnos una ojeada estupefacta.
 
Ella se apartó de encima mio y volvió a su lugar. Me miró.
- Voy a masturbarte – Me dijo.
 
Se empapo de saliva la mano y empezó a movérmela rápidamente. Agregó la otra mano, sabía que me gustaba así. La sirvienta no dejaba de echarnos miradas ocasionales mas frecuentes, y yo estaba a punto de correrme, según lo que parece eso no se lo quiso perder. Cuando ella vio que mis facciones se contraían inclinó la cabeza y se introdujo toda la pollaza en la boca, siempre y en toda circunstancia le había agradado mi corrida, la trataba como un manjar delicioso. 
 
Comencé a sacar leche cogiéndome a la silla mientras ella tragaba. Me convulsioné, haciendo que mi polla entrase hasta el final de su boca. Ella soportó estoicamente y después me lamió bien los pequeños restos. Cuando se incorporó se lamió un par de dedos apurando la cuajada.
 
Los dos quedamos relajados, mirándonos con cara de quien quiere que se repitan situaciones de este modo.
Al rato fuimos a la barra del lugar y solicité la cuenta a la sirvienta.
 
- Son ocho euros – Me dijo.
Le di un billete de diez y fue hasta la caja. Volvió y me dio dos euros.
- ¿Les ha agradado el servicio? – Preguntó con sonrisa
Sonreímos los 3. Miré la moneda de dos euros y se la di a la camarera.
- Por el amable trato – Le solté. Ella sonrió.
- venid cuando queráis, yo estoy siempre y en toda circunstancia en este horario.
 
Y nos fuimos del bar.